1. Revisa el capítulo de Karl Popper y considera sus críticas a Freud, Adler y Marx. ¿Cuáles son sus argumentos? ¿son convincentes?
La principal crítica de Popper a las teorías de Freud, Adler y Marx (o lo que llevó a cuestionarse que algo no funcionaba en su argumentario) era que aparentemente estas teorías podían explicarlo todo.
De esta sospecha nace la repulsa de Popper hacia el verificacionismo, que cómo vimos en las clases anteriores, es la búsqueda de hechos observables que apoyen una teoría. Popper argumenta que si un mismo hecho podía explicarse a la luz de dos teorías diferentes como la de Freud y Adler (ejemplo del hombre que tira el niño al agua), es que las teorías no son científicas. Parece convincente pensar que, si dos teorías diferentes son capaces de explicar el mismo fenómeno, puede que algo haya que no funcione bien en su planteamiento.
Como respuesta, Popper propuso una serie de criterios o supuestos para determinar si una teoría es científica o no. Entre estos criterios, destacan la testabilidad y refutabilidad de las teorías científicas. Ya vimos en las anteriores clases que Popper propone el falsacionismo donde las hipótesis o teorías son verdaderas hasta que se encuentra un hecho que la refuten. Pero para eso las teorías deben de ser testables. Y, según Popper, las teorías de Freud, Adler y Marx no eran testables y, por lo tanto, no se podían refutar. Y, por lo tanto, no cumplían el estatus científico.
Creo que Popper estaba muy en lo cierto en su crítica al verificacionismo. Al final, es podemos caer en la tentación de buscar las respuestas o explicaciones que se adecuen a nuestra forma de pensar o a lo que queremos escuchar. Y parece que lo que preocupaba a Popper en su día, sigue vigente en la actualidad.
2. Revisa la entrevista en El País a Carolina Moreno y reflexiona sobre sus intuiciones sobre las creencias y la importancia de recogerlas. La distinción entre ciencia y pseudociencia ¿sería diferente si el modelo de ciencia tuviera en cuenta también a las ciencias sociales y humanidades?
Me resulta muy sorprendente el resultado de la investigación de Montero sobre el perfil de “adeptos” a las pseudociencias: que generalmente las personas que consumen este tipo de terapias naturales o productos homeopáticos estén altamente formadas resulta curioso. Cabría esperar lo contrario. En principio, resulta paradójico que la alta formación lleve a cuestionarlo todo y, por lo que dice la investigadora al inicio de la entrevista, todavía no se sabe el por qué las personas construyen estas creencias. Por eso coincido en que conocer los motivos que llevan a este perfil (alta formación, alto poder adquisitivo y ideales “tirando” a progresistas) a abrazar las pseudociencias es importante para saber cómo manejar la situación.
Al igual que sugiere Montero, el libre acceso a la información y la capacidad de crearla es uno de los motivos de que estas creencias sigan vigentes e incluso crezcan hoy en día. Soy de la opinión de que estamos en una era de la desinformación de tanta información a la que tenemos acceso. Y, aunque se intente criminalizar a los medios de comunicación, como dice Montero existen una variedad de factores como la socialización y la educación que también refuerzan estas creencias. De hecho, un estudio llevado a cabo por Montero apunta a que, por ejemplo, los maestros son más proclives a buscar remedios alternativos. Si es cierto que el perfil de las personas que se dedican a la educación es proclive a compartir las pseudociencias, estas creencias podrían aumentar en la sociedad.
En definitiva, el debate está muy polarizado entre los que están a favor y en contra de estas creencias. Los medios de comunicación son escépticos por lo que estas creencias encuentran su “reino” en internet. También que el gobierno intervenga en la legislación de estas creencias, aunque necesario, puede conseguir el efecto contrario ya que puede percibirse como un opresor a la libertad individual. Por otro lado, quizás la ciencia haya sido puesta en un pedestal, como la sabedora de la verdad absoluta y tenga que “bajarse” un poco. Como por ejemplo reconocer que, aunque la ciencia se apoya en evidencias científicas, también es falible. Puede que reconocer, aceptar y mostrar las limitaciones de la ciencia puede acercar posturas y que los más escépticos vean más a la ciencia como una “aliada” que como una “tirana”.