Ni blanco, ni negro

En mi opinión, la alfabetización en ciencia, como en otras ramas del saber, no supone un lastre negativo en el ciudadano. Sino todo lo contrario. Es cierto que al conocer adquirimos un mayor grado de comprensión y herramientas que nos pueden ayudar a actuar eficazmente en nuestra vida diaria. Sin embargo, este incremento en cultura científica no tiene por qué necesariamente implicar un incremento en la actitud positiva hacia la ciencia. De hecho, puede suponer todo lo contrario. Si un ciudadano adquiere mayor cultura científica es de presuponer que será menos propenso a ser manipulado al desarrollar el pensamiento crítico que le ayude a discernir entre lo que es lógico/plausible y lo que no, lo que es ético y lo que no. Por ejemplo, la terapia génica. En un primer lugar conocer y entender los beneficios de estas terapias pueden fomentar una actitud positiva hacia la ciencia ya que suponen una esperanza para el tratamiento de ciertas enfermedades. Pero si el grado de comprensión de las repercusiones de este avance biomédico (usar la terapia génica para mejorarnos, no para curarnos) y los dilemas éticos que ello trae consigo, es posible que un ciudadano actúe con escepticismo ante este nuevo avance científico.

Por otro lado, es obvio pensar que una falta de conocimiento nos puede llevar a una actitud de desconfianza porque no comprendemos algo que sabemos que puede influir en nuestras vidas. Pero, por otro lado, algunos estudios han puesto de manifiesto que la ciudadanía tiene en alto concepto a los científicos y opinan que las cuestiones científicas deberían gestionarlas los expertos. Esto es un ejemplo de cómo la falta de cultura científica no tiene por qué traducirse en una actitud de desconfianza.

En resumen, ni todo es blanco, ni todo es negro. Lo que si podemos afirmar es que comunicar ciencia fomenta el pensamiento crítico en las personas y, por lo tanto, las hace más libres.

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