No mates al mensajero

Neil deGrasse Tyson, astrofísico, arruinador de películas… ¡No! Divulgador científico

Creo que el mensaje más valioso que nos podemos “llevar a casa” de Neil es que necesitamos conocer para tomar las mejores decisiones para nosotros (y me atrevería a añadir, para el entorno que nos rodea). Por ejemplo, es necesario conocer las implicaciones que tiene comer alimentos fuera de temporada, para decidir responsablemente si queremos cambiar nuestro comportamiento para ser más “sostenibles”.

Sin embargo, nos encontramos en un momento social agitado. Las nuevas tecnologías se han instalado en nuestras vidas, para bien o para mal. El fenómeno de la desinformación, el aturdimiento por la adicción al “móvil” suponen un reto a la hora de mantener nuestro sentido del asombro (como diría Rachel Carson). Pero ¿por qué perdemos esa capacidad de asombrarnos que poseemos en la infancia? Neil describe con claridad un problema del que soy testigo (y he sido “víctima” también): el ahogamiento de la creatividad y de la capacidad reflexiva por el empacho de información. Durante la labor docente observas alumnos que no se “atreven” a pensar y que peor aún pierden seguridad sobre sus propios razonamientos lo que creo que les deja a merced de ser más fácilmente manipulados.

Por otro lado, el desarrollo de las nuevas tecnologías y redes sociales ha abierto un universo de posibilidades para el aprendizaje informal. Comunicadores natos como Neil, han sabido sacar partido a estas tecnologías. Acercan la ciencia de una manera amena y divertida como por ejemplo explicando por qué una película no es rigurosa desde el punto de vista de un científico. La situación es similar a la de asistir a un concierto de música con un músico. Mi desconocimiento sobre el tema hace que se me pasen las cosas por alto. Pero si voy acompañada de un músico, la experiencia es mucho mejor, más completa porque me transmite su conocimiento para entender mejor lo que estoy oyendo (en este caso). Lo mismo creo que sucede con la ciencia. Así que la próxima vez que un científico te “arruine” una película, o te haga recapacitar sobre tu consumo responsable. Recuerda, no mates al mensajero.

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